San Lucas 21,25-28.34-36
Hoy os voy a contar la historia real de una chicha a la que conocí hace poco, Dios la llamó a su lado y con una sonrisa se fue a los brazos del Padre, lo curioso es que ella había estado mucho tiempo esperando que Jesús viniera, siempre deseaba encontrarse con él y por eso todos los días le hablaba, iba a misa y después intentaba hacer todo lo que él le decía a través de las escrituras. Ella siempre estaba atenta a lo que Jesús le fuera a decir. Podemos decir que siempre estaba despierta y con la cabeza levantada.
Un día decidió ir al médico porque llevaba algún tiempo que no se encontraba bien, pensaba que quizás debía de dormir más o alimentarse mejor y hacer caso a su madre cuando le decía que se comiera todo lo que ella le ponía, pero Marta, que así se llama la protagonista de esta historia, cada vez que veía en su plato algo de color verde, naranja o negro siempre decía lo mismo mientras fruncía el ceño y cruzaba los brazos: ¡eso no me lo pienso comer!.
No, no era que tenía que comer mejor ni dormir más, Marta tenía una enfermedad que estaba dando la cara y su esperanza de vida iba a ser muy corta, le dijeron que aprovechara el tiempo que le quedaba para hacer lo que a ella más le gustara.
¡Claro! ella era muy joven no se esperaba este tipo de noticias, así que hizo como cuando su madre le ponía el plato de comida, se enfadó, pero, ¿con quién? ¿con el médico?¿con sus padres?¿con ella misma?. Marta se enojó con Jesús.
Ella pensó que lo quería mucho y que hacía muchas cosas por él y se preguntaba que había hecho de malo para que Dios la castigara con eso, así que, decidió dejar de hablar con él, de ir a misa y de disfrutar del tiempo que le quedaba sin hacer caso de los consejos que él le daba.
Se volvió un poco egoísta, solamente quería que estuvieran pendiente de ella y le exigía a su madre que le comprara todo lo que le pedía. Se enemistó con alguna que otra amiga porque no le gustaba lo que le decían, empezó a fastidiar a su hermano pequeño hasta hacerlo llorar e incluso gritaba a sus padres cuando no hacían lo que querían, su abuela se disgustó mucho con ella porque dejó de llamarla y visitarla. Marta solo quería vivir la vida a su manera y eligió hacerlo sin mirar por el bien de los demás. Marta se convirtió en una egoísta. Marta dejó de estar atenta a los consejos de Jesús.
Estuvo así bastante tiempo pero un día tenía tantos dolores que le era imposible levantarse de la cama, decidió dedicarle un rato a la lectura y mirando a su estantería descubrió un libro que tenía por título "La biblia de Jerusalén", pensó que no iba a leer nada de ese libro, que ella seguía enfadada con Jesús y que no quería saber nada de él, prefería coger el libro y romperlo, así que se incorporó de la cama como pudo y agarró el libro, era tal su debilidad que cuando se disponía a colocarlo en su mesita de noche se le cayó al suelo y de él salió una fotografía de ella vestida de comunión. Marta recogió la instantánea del suelo y la miró. Estuvo un buen rato mirando la foto mientras por su cabeza pasaban aquellos maravillosos años en los que era una niña feliz al lado de Jesús.
Rompió a llorar. Su llanto era tan fuerte que su madre que estaba en el otro extremo de su casa se asustó y fue corriendo para ver qué le había pasado a su querida hija. Cuando entró y vio a Marta agarrada a la biblia, se abrazó a ella. No hablaban, sólo lloraban.
-Mamá- dijo Marta - necesito ir a ver a Jesús.
Y así, sin dar más explicaciones su madre la acompañó a la parroquia donde tantas veces habían estado.
Dos meses antes de su partida Marta habló a un grupo de jóvenes y les dijo:
"El día que me dijeron que me quedaba poco tiempo de vida se me cayó el mundo encima y decidí culpar a Jesús de lo que me estaba ocurriendo, elegí seguir mi camino y disfrutar del tiempo que me quedaba sin contar con él, pero un día que el dolor me tenía en cama agarré una biblia para deshacerme de ella y se me cayó encima abriéndose justo en un versículo donde había una foto mía vestida de comunión, el versículo decía:"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación." entonces, miré la fotografía y entendí que Jesús venía a liberarme, venía a sacarme del camino en el que me estaba metiendo, tenía un tiempo determinado para aprovecharlo junto con él y dejar en este mundo su presencia con mis actos. Así que me volví a él, retomé la misa diaria, la oración y sobretodo me reconcilie con aquellos a los que había tratado muy mal, planeé salidas con mi hermano, lo llevé al cine y estuvimos en la bolera jugando, me fui con mi madre de compras sin exigirle que me comprara todo lo que yo quería y visité a mi abuela todos los días y le regalé un álbum que hice especialmente para ella. Volver a Jesús me trajo de nuevo la alegría, las ganas de vivir y de disfrutar cada uno de los minutos de mi vida. Jesús aquella tarde me liberó y hoy estoy esperando con tranquilidad el momento en el que me llame para ir con él"
Marta se quedó dormida el día 20, tenía 23 años.
Ella nos enseña que debemos siempre estar con Jesús, siempre despiertos, esperando a que él nos hable, para hablar con ella se valió de una biblia y una foto ¿y a nosotros cómo nos habla?¿estamos atentos/despiertos a su llamada?
En esta eucaristía pedid por aquellos familiares que ya no estén con vosotros y estad muy atentos a toda la celebración en especial cuando enciendan la primera vela de la corona de adviento, en ese momento pedidle al Señor que durante esta semana os ayude a poder dedicarle cinco minutos para hablar con él.
En la pestaña "adviento" descubriréis una mascota muy especial.
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